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Gregorio Chil y Naranjo

 Gregorio Chil y Naranjo

  • Gregorio Chil y Naranjo nació el 13 de marzo de 1831 en la ciudad de Telde, en la isla de Gran Canaria. En 1847 finalizó los estudios de Bachillerato en el Seminario Conciliar de Las Palmas y, aunque su intención inicial era la de realizar la carrera sacerdotal, finalmente decidió cursar los estudios de Medicina en París, gracias a la ayuda económica de su tío y padrino, a la sazón párroco de la Iglesia de San Juan Bautista en su localidad natal. Su estancia en la capital francesa se prolongó durante nueve años (1848-1 857), en los cuales realizó los estudios de la licenciatura de Medicina y Cirugía, y concluyó la Tesis Doctoral defendida en 1857.
  • A su regreso a su isla natal, y una vez convalidados sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cádiz, Chil y Naranjo se instala en Las Palmas de Gran Canaria.
  • Allí desempeña su labor como médico, interrumpida en las ocasiones en que viaja fuera de la isla para asistir a diversos Congresos Internacionales de Antropología en Francia, aprovechando estos desplazamientos para realizar cortas estancias en diversas localidades europeas y en la Península ibérica. Compaginó su trabajo como médico con los ingentes esfuerzos por impulsar el estudio de las Ciencias Naturales y la Prehistoria, que le llevaron a fundar la Sociedad Científica El Museo Canario en 1879, junto a otros intelectuales locales (la mayoría de ellos médicos), alguno de los cuales era, como él, masón de la Logia La Afortunada (Estévez, 1987:139-140). La talla de Chil y Naranjo como médico y su gran labor al servicio de sus conciudadanos, quedó evidenciada en los momentos mhs difíciles, durante las epidemias de cólera morbo que azotaron a Las Palmas de Gran Canaria en la segunda mitad del siglo XIX (Betancor, 2001).
  • Su actividad investigadora y sus contactos con los colegas de otras instituciones, le llevó a pertenecer, como socio de número o correspondiente, a numerosas Sociedades Científicas. Fue socio numerario de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas desde 1861; miembro de la Société lmperiale de Zoologique et Aclimatation de París desde 1864; miembro correspondiente de la Société dAnthropologie de París, creada por Broca en 1859, de la Société d’Etnographie de París, y de la Société de Géographie de París, desde 1875; miembro correspondiente de la Société de Géographie Commerciale de París desde 1877; socio numerario del Gabinete Cientítico de Santa Cruz de Tenerife, creado por el médico tinerfeno Juan Bethencourt Alfonso (Ramírez, 1997:313-314), desde 1878; Officier de IAcadémie de France desde 1879; corresponsal de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Sevilla, desde 1884; individuo de la Sociedad Española de Historia Natural de Madrid, desde 1886; socio de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife desde 1886; miembro correspondiente de la Societd Italiana di Antropologia, Etnologia e Psicologia Comparata desde 1 890; miembro correspondiente de la Sociedad Geográfica de Madrid, desde 1899.
  • Gregorio Chil y Naranjo falleció el 4 de julio de 1901 en Las Palmas de Gran Canaria, no sin antes haber otorgado testamento, en el cual instituía como única heredera usufructuaria vitalicia a su esposa, aunque legaba todos sus bienes a una Junta testamentaria encargada de garantizar ‘la conservación y engrandecimiento del Museo Canarion. Formación y labor arqueológica Los años de estudios en París permitieron a Chil y Naranjo entrar en contacto con eminentes antropólogos y prehistoriadores, algunos de los cuales fueron incluso profesores y companeros en la Facultad de Medicina, como P. Broca, A. de Quatrefages, T. Hamy, G. de Mortillet, P. Topinard, R. Verneau, etc. (Estévez 1987:138). Asiduo asistente a las tertulias y reuniones sobre Prehistoria y Antropología que se celebraban en París, muy pronto despertó en el joven Chil el interés por estas materias. Sus estrechas relaciones con los investigadores más relevantes de la incipiente ciencia pre- histórica y antropológica de la bpoca fueron trascendentales en sus posteriores trabajos de investigación realizados en Canarias, toda vez que la lejanía geográfica, sólo rota con sus periódicos viajes al continente europeo, le obligó a mantener una constante actividad epistolar. La influencia de algunos prehistoriadores franceses, como Gabriel de Mortillet y Emile Cartailhac, se ljuede apreciar en el interés de Chil y Naranjo por aplicar en Canarias la clasificación de la Prehistoria realizada por el primero de estos autores (Tejera, 2001 :39). Su principal afán, una vez regresó de París, fue formar una colección personal de restos y objetos prehistóricos y antropológicos de las culturas prehispánicas de las lslas Canarias.
  • Aprovechará cada salida fuera de la capital para contactar con cualquier persona que le aporte datos sobre un yacimiento o le proporcione materiales que enriquezcan sus colecciones: momias, crhneos, cerhmicas, material Iítico, etc. Sus intereses se centraron en las cuevas funerarias del barranco de Guayadeque (Chil, 1880 a), en los yacimientos de la zona de Tara y Cendro (Telde), en los de la vega de Gáldar, y en algunos yacimientos del sur de la isla, concretamente en Mogán y Tirajana (Chil, 1901). A partir del estudio de estos materiales y de las lecturas de la producción historiográfica anterior, Chil publicó una ingente cantidad de trabajos de investigación. Sus primeras publicaciones vieron la luz en los Congresos de la Association Franpiise pour IAvancement des Sciences Anthropologiques, celebrados en distintas localidades francesas (Chil, 1874, 1875, 1876 y 1878). Sin embargo, a partir de 1880, con la aparición de la revista El Museo Canario, editada por la Sociedad Científica del mismo nombre, impulsada por él mismo y un grupo de intelectuales grancanarios, comenzará a insertar sus trabajos en los fascículos de esta publicación. Sus contribuciones se centraron en divulgar la creciente importancia de la ciencia antropológica (Chil1880 a) y en dar a conocer los resultados de las exploraciones arqueológicas emprendidas por él y otros aficionados en la isla de Gran Canaria (Chil 1880 a; 1882; 1899 a y b).
  • Además, su formación como médico le permitió iniciar en Canarias la investigación en Paleopatología, apoyándose en los ricas colecciones antropológicas que poseía (Chil 1880 c; 1990). Deudor del positivismo y del paradigma raciológico imperante en la época, la obra de Chil y Naranjo, sentó las bases de una serie de teorías, hoy día superadas, que veían en las poblaciones prehispanicas de Canarias a los epígonos de las poblaciones europeas, cuyos restos habían comenzado a ser descubiertos en 1856 en la localidad alemana de Neanderthal y, en 1868, en la localidad francesa de Cro Magnon. Partiendo de posiciones hoy día superadas, como la de asociar raza a cultura, Chil consideraba que la población prehispanica de las islas había desarrollado una cultura neolítica, que se caracterizaría por la economía esencialmente ganadera y una incipiente agricultura, cergmica a mano, ausencia de metales, etc. Como ha señalado recientemente Antonio Tejera (2001 : 46-48) esta propuesta del neolitismo de los antiguos canarios es, posiblemente, una de las teorías de Chil que ha gozado de mayor Bxito, ya que prácticamente hasta los años 60 del siglo XX, ha continuado gozando de la aceptación de todos cuantos se han ocupado del estudio de la Prehistoria insular. En su labor como arqueólogo, se puede achacar a Chil y Naranjo, como a otros contemporhe- os, el excesivo interés por “rebuscar’ restos antropológicos, siguiendo la terminología de la Bpo- ca, en detrimento de un trabajo arqueológico m& riguroso. Aunque no es menos cierto que a pesar de estos defectos innegables en la metodología seguida en el trabajo de campo, intentó regularizar estas actividades a través de un Reglamento, redactado por él mismo (Chil, 1886).
  • Sin embargo, su principal aportación a la Arqueología fue la fundación de la sociedad científica El Museo Canario, creada en septiembre de 1879 por un grupo de intelectuales, encabezado por el mis- mo. Muy pronto esta sociedad cientifica se convirtió en una institución emblemAtica a nivel regional, y el interés de los antropólogos franceses por estudiar los restos humanos de los antiguos po- bladores de las islas, junto con las publicaciones de Chil y Naranjo, convirtieron a El Museo Canario en un obligado lugar de paso para científicos como RenB Verneau (Ramírez, 1997:315- 320). Aún hoy día, y a pesar de los avatares sufridos a lo largo de tantos años, el Museo Canario continúa siendo una institución emblemática en la investigación y salvaguarda del patrimonio arqueológico e histórico del archipidago canario.
  • Información de Don Manuel Rarmírez Sánchez
  • Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
  • [email protected]
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