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Garbanzos, ‘mongetes’ y butifarra en la Plaza Mayor

Gran Canaria Virtual 4 14 de nov.

 A Manuela Carmena, la alcaldesa, la flanquearon Joan Manuel Serrat, que es barcelonés, y El Gran Wyoming, que es de Madrid. Los tres comieron empedrado de garbanzos de Madrid con mongetes y butifarra, según receta de un restaurador de la capital, Carlos Sotos. A mediodía, en la ciudad que es capital de España, a la que tantas veces se señala como piedra de la discordia, y en la Plaza Mayor, que vive los prolegómenos de su cuarto centenario, medio centenar de ciudadanos, catalanes y madrileños, comieron lo mismo, y desearon lo mismo: que este encuentro gastronómico sea anual y que su espíritu reine siempre. Que pasemos de Parlem a Mengem, de Hablemos a Hablemos comiendo.

Lo dijeron la alcaldesa, “feliz de estar aquí”, Serrat, Wyoming, Iñaki Gabilondo, Sandra Barneda, Pedro Sanz (vicepresidente del Madrid), Àngels Barceló, Joan Herrera (dice él que expolítico, fue de Iniciativa per Catalunya), Pepa Bueno, Dani Mateo, Cristina Almeida, Unai Sordo (de CCOO), Mercedes Milá, Xavier Sardà, Sandra Sabatés, Joan Llorach (“el otro del libro sobre las mentiras del procés escrito junto con Borrell”, decía)… Comieron lo mismo. Y no sólo mongetes y garbanzos, una mezcla imposible que colmó el gusto dispar: comieron crema catalana y leche merengada, sopa de cocido (madrileño) y escalivada, vinos de Madrid y del Priorato. Y, para desempatar, espárragos “como los comía Lope de Vega", con un huevo frito encima…

No fue difícil juntarlos; Carlos Sotos, que compartió la idea con Roger Pallerols, el presidente del Gremi de Restauradors de Barcelona, se dijeron hace quince días que era imprescindible, “en lugar de dinamita poner gastronomía”, y ese deseo de comer juntos y de invitar a gente de una ciudad y de otra se hizo obra gracias a apoyos “imprescindibles”, la periodista (de Madrid y de Barcelona) Rosana Torres y la editora Ángeles Aguilera. El empuje fue “de la Asociación de Amigos del cuarto centenario de la Plaza Mayor, el Gremi de Restauració de Barcelona y la Asociación de Hosteleros de la Plaza Mayor y Madrid de los Austrias”. “Se come bien en Madrid, se come bien en Barcelona”, se dijeron Sotos y Pallerols. Carmena dijo “¡adelante!”, y allí estaban, en fogones de amistad barcelonesa-madrileña, como si los garbanzos y las mongetes ayudaran a construir un muro de sabor para derribar un tiempo de sinsabores.

Los presidentes de ambas asociaciones, el gremio madrileño, el gremio catalán, estaban felices. José Antonio Aparicio, de Madrid, dijo a EL PAÍS: “Esto quedará para el futuro”. Al de Barcelona le preguntamos qué le gustó más del menú: “Los garbanzos y las mongetes”. A la alcaldesa y a las demás mujeres presentes les entregaron “un ramito de violetas”. A Sotos le preguntamos por qué no vino Ada Colau, la colega de Carmena: “Declinó. Tenía otras urgencias”. A Marta Higueras, la segunda de la alcaldesa en Madrid, le gustó “la crema catalana” (receta del madrileño Miguel Grande, de Los Galayos). A Serrat le gustó “¡el menú entero!” Era, decían, degustando productos comunes, “como si se acabara aquí aquella desgraciada iniciativa contra los productos catalanes”.

Daban ganas de cantar. O de bailar. En estas intervino Cándido Méndez para decir que de Jaén fue Pep Ventura, que pautó la música de la sardana. La convocatoria del encuentro la dibujó Javier Mariscal cruzando palabras de los idiomas cruzados: Quedamos a dinar/ Quedem per comer. Una alternativa sabrosa a Parlem. Barcelona y Madrid quedan para comer. Concha Díaz de Villegas, directora general de Comercio y Emprendimiento de Madrid, lo puso así: “Compartir comidas es la mejor manera de hacer amigos”.